martes, 18 de julio de 2017

Estados Unidos ha definido sus objetivos en la renegociación del TLCAN ¿Y México?

Samuel Ortiz Velásquez

La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR por sus siglas en inglés) dio a conocer los objetivos que estarán presentes en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que iniciará en agosto de 2017. El documento es el resultado de las consultas y audiencias públicas iniciadas en mayo del presente año.[1]
Del listado de objetivos, el más relevante apunta a mejorar el balance comercial de Estados Unidos (EEUU), mediante la reducción del déficit comercial con México y Canadá, ello está vinculado con la preocupación de la administración Trump por reactivar el empleo industrial. Para hacer frente a tal objetivo, no se hace referencia a medidas arancelarias, pero sí a un conjunto de temas que pudieran tener implicaciones negativas para la Inversión Extranjera Directa (IED) y el comercio regional de México concretamente en la industria automotriz-autopartes, así como en el comercio regional con China (aunque en el documento no se hace referencia a China). Al respecto destacamos los siguientes objetivos:

i)     Actualizar y reforzar las reglas de origen para: a) asegurar que los beneficios del tratado se dirijan a productos genuinamente elaborados en el territorio TLCAN; b) evitar la evasión de los aranceles y combatir delitos aduaneros.
ii)  Preservar la capacidad de EEUU para hacer cumplir rigurosamente sus leyes comerciales, incluidos los derechos antidumping, derechos compensatorios y salvaguardar las leyes. Para ello se propone entre otras cosas:
a. La eliminación del capítulo 19 del TLCAN referente a mecanismo de controversias en materia de antidumping y cuotas compensatorias, mediante el cual un productor o un exportador de cualquiera de las tres partes, que sea afectado por una resolución que impone cuotas antidumping o compensatorias por haber incurrido en una práctica desleal, puede acudir a tribunales internacionales.
b. Eliminar la exclusión de las salvaguardias globales del TLCAN para que no restrinja la capacidad de los EEUU de aplicar medidas en investigaciones futuras.[2]
iii)    Reforzar las obligaciones de los socios en cuestiones laborales y medioambientales.
iv)   La necesidad de crear un mecanismo para evitar la manipulación cambiaria para impedir un ajuste efectivo de la balanza de pagos u obtener una ventaja competitiva injusta.

Para comprender tales objetivos, es importante recordar que EEUU ha elevado sustancialmente su déficit comercial, el cual se situó en más de 737,000 mdd en 2016, ello representó un crecimiento acumulado de casi 400 por ciento con respecto a 1994 (ver gráfico 1). La principal causante del déficit comercial ha sido China, de hecho, a pesar de que el déficit comercial de EEUU con la región TLCAN se duplico desde la segunda mitad de la década de los noventa (pasando de 40,124 mdd en 1996 a 75,312 mdd en 2016), su participación relativa se ha reducido de 24% en 1996 a 10.22% en 2016. En el mismo lapso, la participación relativa de China pasó de menos del 20% en 1994 a más del 47% en 2016.


Con ello, al incluir entre los objetivos de la renegociación el endurecimiento de las reglas de origen, el fortalecimiento de la capacidad de EEUU para hacer cumplir rigurosamente sus leyes comerciales y la creación de mecanismos para evitar la manipulación cambiaria, da la impresión que EEUU busca indirectamente poner un freno a las crecientes importaciones chinas (particularmente de electrónica y autopartes), que se “cuelan” al mercado estadounidense de forma directa y de forma indirecta vía el alto y creciente contenido chino en la producción para la exportación de mercancías que se ensamblan en México. 
La administración Trump tiene bien definidos sus objetivos, ante tal escenario, destaca la pasividad de la contraparte mexicana, más allá de la preocupación por “la insistencia reiterada (de EEUU) sobre este tema de los déficits comerciales” (Ildefonso Guajardo dixit), no se han hecho públicos los objetivos del gobierno mexicano en la renegociación del TLCAN y ello no sorprende, considerando que en términos generales se carece de una evaluación pública del tratado.
La propaganda oficial mexicana señala que el TLCAN amplificó el comercio regional, poniendo como ejemplo la notable expansión de las exportaciones mexicanas de autopartes, automotriz y electrónica al mercado estadounidense. Efectivamente, en múltiples estudios se ha señalado que el TLCAN permitió el desarrollo y fortalecimiento de cadenas productivas globales, vía el crecimiento del comercio y de las inversiones en industrias específicas, particularmente en la manufactura de autopartes-automotriz, hilo-textil-confección y la electrónica. Pero el TLCAN dejó al margen del proceso a la agricultura y al grueso de industrias orientadas al mercado nacional, con ello ha contribuido a amplificar la brecha de desarrollo que separa a México de los Estados Unidos. Por otra parte, se ha sobredimensionado el papel de la industria automotriz que opera en México, pues un rasgo que ha tipificado a las exportaciones mexicanas es su bajo contenido nacional, reflejado en su muy limitado efecto de arrastre sobre el aparato productivo nacional, el cual contrasta con otras industrias orientadas al mercado nacional, que han sufrido por la abrupta presencia de importaciones, pero que generan fuertes encadenamientos internos, por ejemplo, la industria del calzado.
Considerando estos aspectos, al parecer los negociadores mexicanos se terminarán subordinando a los intereses de sus contrapartes en Estados Unidos. A los negociadores mexicanos les preocupa que la reducción del déficit comercial estadounidense pasa necesariamente por una reducción de las exportaciones mexicanas y de la IED particularmente en la industria automotriz, la principal ganadora del TLCAN. Al respecto, como se ha argumentado, la economía mexicana no es la industria automotriz, lo que es malo para una industria en particular no tiene necesariamente que ser malo para el resto del aparato productivo nacional. En éste contexto, una respuesta progresista desde el gobierno mexicano debiera comenzar por modificar sustancialmente la política económica vigente, lo cual jugaría en contra del TLCAN. Pero, ¿Cuál es el temor? ¿Acaso no se ha verificado que los periodos de relativa autonomía económica pueden ser benéficos para generar condiciones para el desarrollo industrial?
La respuesta desde México debiera enfocarse en la implementación de políticas industriales activas que pongan el acento en las industrias generadoras de empleo y encadenamientos; la reactivación de la inversión en infraestructura, el mejoramiento de las condiciones de acceso al crédito productivo, la reactivación del mercado interno (vía v.gr., el aumento del salario real), la implementación de una política cambiaria coherente con una estrategia de crecimiento, entre otras. Está claro que éste no es el objetivo de la administración actual.




[2] “Una salvaguardia bilateral y global consiste en que, durante el periodo de transición, si el aumento en las importaciones provenientes de otro país miembro del TLCAN causa o amenaza causar daño serio a una industria nacional, un país signatario del tratado podrá adoptar medidas de emergencia que suspendan temporalmente las tasas arancelarias acordadas o bien, restablecer la tasa anterior a la entrada en vigor del TLCAN” (El Economista, 18 de 2017).

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